Bipolar
Llueve, las aceras están cubiertas de agua y los biandantes al cruzar las calles saltan para no pisar los charcos, quizás por no mojarse los pies, pero yo diría que están jugando. En su interior algo les recuerda que les encantaba hacerlo y, como una foto en blanco y negro, no se ha borrado ese momento, de pequeños, en que corrían por diversión y saltaban con botas de goma para sentir bajo los pies salpicar pequeñas gotas. Eran como atracciones de feria de vida muy corta.
Reconozco que habíamos escuchado bastante Nirvana...
Recuerdo perfectamente que dije que todo me parece absurdo porque el tiempo nunca permite a los momentos perfectos permanecer, pero tampoco a los malos y, aún así, me da un miedo terrible que me pinchen con una aguja, aunque sea un segundo. Y también recuerdo que contestaste que, pensando así, solo deberíamos temer al tiempo, a que cambiase de parecer y decidiera hacer eternos los momentos de dolor... Jajaja, me reí, pero es que el miedo no es lógico,
¿lo es?
Simplemente todo, todo, todo, todo, todo pasa. No hay boton de 'rewind' ni de 'fast forward'.
There's no faking
Y también debe de hacer frío, mucho frío, porque no hay nadie por las calles y están cerradas todas las ventanas.
Pero aquí y ahora nunca llegará el invierno, y con las hojas caídas se llevará el otoño el miedo.
Nada más que aliteración...
Y solamente los latidos son prueba de seguir vivos, solamente impulsos subconscientes, solamente los labios, húmedos y pegados. Solamente mis manos acariciando otras manos.
Y nada más que seis centímetros, y ya son demasiados. Y nada más que verde fundido con castaño. Y nada más que deseos en el espacio que dejamos.
Tan solo unos segundos entre seda hecha palabras. Tan solo tus impulsos, mis impulsos, nuestras ganas. Tan solo ilusión y no pensar, no pensar nada.
Mientras queden momentos así...

Pero lo mejor de todo esto era que, al salir de aquel bar, volveríamos a cometer los mismos errores y, tiempo después, volveríamos a vernos allí, para contarnos otra vez los mismos rollos... Era genial, creo que en realidad lo sabíamos, pero continuabamos haciendo lo mismo.
Revelando recuerdos
Cuando revelábamos fotografías recuerdo que, al coger con las pinzas el papel e introducirlo en la cubeta con el líquido revelador, tenía que estar unos segundos mirando el papel blanco, esperando a que la imagen fuese apareciendo lentamente... Como apenas podía haber luz dentro del cuarto, había que aguardar a que el contraste de la imagen nos pareciese algo exagerado porque, después, al encender las luces, el color que antes parecía más oscuro, no lo era tanto. Es decir, había que esperar un poco más de lo que parecía para que la fotografía estuviese bien revelada, y pasar al siguiente líquido.
y París arde.......esta noche llegaremos tarde
La única manera que se me ocurre
Tal vez era peligroso estar allí, tal vez era hora de volver a casa, tal vez...
¿Tal vez? ¿Qué importaban los 'tal vez'? ¿Qué sentido tenía todo aquello? Era estúpido, y la prudencia solo una costumbre que entonces no tenía peso alguno, todas esas cosas que solía pensar cuando se encontraba sin ninguna compañía y a ciertas horas de la noche, en aquél momento ni cruzaban entre sus pensamientos, era un momento de sensaciones en que aquella voz que hablaba por su parte racional estaba afónica. Por su cabeza no pasaba ni un ápice de miedo, ni la idea de largarse de allí aunque pasaran conductores borrachos gritando memeces por su lado a cada rato, simplemente no había cabida para tanto e, inconscientemente, trataba de inundarse de humo para que se esfumaran los problemas, pero el solo hecho de estar fumando significaba admitir que lo necesitaba, y que el necesitarlo era por algún motivo...
Cuando cayó la primera gota de lluvia sobre el último cigarro se dio cuenta de que tendría que volver al mundo real, donde hay que afrontarlo todo y, ese momento, el de despertar de aquél absurdo letargo de un par de horas, fue el peor.
Frío y soledad, casi nada de luz. Todo chocó con su conciencia de golpe.
Al levantarse sintió más gotas heladas caer sobre ella y el frío alcanzar cada rincón de su cuerpo. La oscuridad hizo gritar aquella voz en su cabeza que le recordaba que existía el miedo, miró a su alrededor y buscó el camino que las farolas dibujaban y... agradecida por conservar aquél infantil miedo, no pensó durante un rato, hasta llegar a la última, a casa, y apagar la luz.
Mientras se abrazan las pestañas
Y es así como el mundo se me hace maravilloso...
no te estoy escuchando pero es tán sumamente fácil hacer como que presto atención...
te miro...
y es como contemplar maravillada un inmenso puzzle de secretos en tu cara...
se que no todos pueden verlos...
y ya que yo si puedo,
sin que lo sepas,
a escondidas....
intentaré descifrarlos.
Así es como me entretengo
cuando hablas de...
algo que no recuerdo,
porque ni lo intento.
Tiemblas...
me sobresalto,
no te escuchaba
te estaba mirando
y has temblado,
y temo que sea por estarte analizando tanto,
la conversación sigue andando
y te oigo por respeto
respeto que se agota a los 3 minutos y 47 segundos y medio
cuando te acercas a darme un beso...
un beso...
adiós
al
tiempo.
Ya te examinaré en otro momento.
Al fin y al cabo es mi juego favorito.
Últimos segundos frente al espejo
Una gruesa capa de maquillaje cubría las señales de la adolescencia y el carmín en los labios le daba aire de mujer fatal, demasiado rimmel quizá, quizá demasiado poco, el caso es que había conseguido la imagen que ansiaba, aunque la niña debajo de la pintura miraba con recelo, le repugnaba lo que veía... La del espejo, que le devolvía una mirada descarada, no parecía para nada extrañada, sino contenta y segura de si misma, esa era la persona que iba a salir al mundo protegiendo a la de debajo, como un armazón de belleza que evitaría muchos golpes a la criatura que cubría, la cual había decidido cambiar definitivamente la timidez por el descaro y la inocencia por una prepotencia que, esperaba, todos encontrarían intimidante.
Estaba incómoda, nerviosa, sabía que desde ese día su vida se convertiría en una película constante, había creado al personaje perfecto y sabía que podría interpretarlo a la perfección, nunca volvería a ser ella misma, no, sería mejor. Había conformado a una nueva persona fascinante y, lo más importante, hermosa, tanto que nadie se resistiría a acercarse a ella.
Nada de aquello en lo que iba a convertirse le gustaba, y no tenía nada que ver con su auténtica forma de ser, sin embargo sabía perfectamente que aquel era el prototipo que a todos atraía, por algún motivo que no alcanzaba a entender. Se preguntó a si misma por última vez si estaba segura de lo que iba a hacer, y se contestó, también por ultima vez, un sí forzado.
Se puso los tacones, se miró de nuevo en el espejo, estaba preciosa y lo sabía... Salió, saludó, habló, rió, contestó, enamoró, alucinó, destacó... actuó... actuó... el carmín le duro poco y la ropa mucho menos.
Siguió actuando...
Quiiiiieta, muy quieta
Llueve...
sigue lloviendo, cae agua helada del cielo y el ambiente es tan frío que me congelo, no puedo seguir caminando, un paso más y siento, se que me romperé en mil pedazos que quedarán esparcidos por la calle hasta fundirse con el agua de los charcos.
La estrategia de ese momento es quedarse quieto a escuchar el silencio por si encuentro algo que me distraiga, sin intentar seguir adelante ni pensar, no, por Dios, pensar no quiero. Tal vez así, parada, quieta en el medio de la calle mientras sigue cayendo agua a mi alrededor, encuentre alguna respuesta absurda a mi eterna pregunta estúpida; ¿Por qué?
Durante un tiempo fue válida, o al menos relajante, la respuesta de no contestarla, de decirme a mi misma que no hay que pensar en eso, no, pensar no quiero.
Pero el agua sigue cayendo, y cada gota hace un sonido inocentemente diferente a las demás al chocar contra el suelo, y cada una evoca en mi cabeza la idea de una vida que acaba así... con un 'clok' sobre un charco o contra la acera gris, sin más sentido que ese; salir de algún lugar muy lejano a mi cabeza y caer, solo caer, sin que nada ni nadie pueda cambiarlo, son como millones de personas de vida demasiado corta.
Ya estoy pensando otra vez, es un no parar, pero cesa un momento para dejarme sentir en los dedos el agua cayendo sobre ellos y luego resbalando por la mano hasta caer de nuevo... Por mi nariz se desliza otra gota, esta fría, demasiado, no me importa, mi mente ha cesado, me hace cosquillas, pero de esas que no hacen reír, me encanta... no pienso, es el paraíso por un momento.
***
No llueve, hace sol... Estamos en Marzo y el calor comienza a ser insoportable pero el mundo sigue adelante, por algún motivo quieren sacarte de aquí y me niego, no... nunca.
amor con hora de caducidad
¿Es que nadie puede ver lo que yo veo?
Ni tocar la luz de sus ojos
o ver el aroma que desprenden sus pensamientos
Es como perderse en un mundo ajeno
de algodón y terciopelo...
Surge un hilo musical, todo tiene sentido, deseos
deseos de perderme una noche en su perfume y
sus ojos
verdes
quietos.
Ser todo por un momento, ser nada,
seremos nada despues de unas horas y mil besos,
cuando el amor se esfume
Noches de viento
Son momentos mágicos.
Y si a estos momentos sumamos una balada de hilo musical, una canción tal vez sobre corazones rotos o personas con ansias de vivir, una música que vaya infiltrándose en nuestra mente e inundando nuestros sentidos... hasta que llega un momento en el que la melodía se funde con el movimiento de los árboles provocado por el viento. Al final es todo como un ecualizador natural y perfecto.
Son noches de viento.
- Fiuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu, fiuuuuuuuuuuu... - Dice el viento,
y es como una nana que nos canta a todos los que queramos escucharla.
Vasos de agua en soledad

El jazz de mis latidos como banda sonora
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Días de sol
Amanecer de los corazones rotos

Tras apartar las mantas y poner los pies sobre el suelo es cuando te das cuenta de que es Enero y no llevas calcetines. Los días son fríos aunque haga sol y lo son desde muy temprano, antes de desperte sabes lo duro que va a ser seguir caminando y lo sabes porque la noche anterior te has acostado con una horrible sensación de desasosiego que se traduce de mañana en una sequedad de boca que ni el más fuerte de los enjuagues bucales consigue hacer desaparecer.
La nevera esta llena pero nada apetece y la ropa sigue ordenada en el armario, era incómodo pero era mejor verla sobre el suelo, tras haberla dejado caer sobre él precipitadamente, sin pensarlo dos veces, sin pensarlo una vez... la pasión se echa de menos en cuanto desaparece. En extrañar el amor se tarda más pero se hace más intensamente.
Y a veces lo único que apetece es tumbarse sobre el frío mármol de un suelo gris y no pensar, y cuando aparezca la carne de gallina, entonces al menos por un rato eso mantendra ocupados a los traviesos pensamientos que solo quieren volver a ti para hacerme daño.
Y es que a veces es mejor usar menos el cerebro y mas el cuerpo para decidir.